En síntesis, el biocentrismo es una invitación provocadora: a reconsiderar prioridades éticas, a replantear la relación entre observador y cosmos, y a exigir a la filosofía y la ciencia nuevos instrumentos para dilucidar si la conciencia es contingente o constitutiva. Como hipótesis, funciona mejor cuando despierta preguntas precisas y fomenta experimentos conceptuales que la sometan a prueba; como consuelo ontológico, ofrece una narrativa en la que la vida importa no por utilidad, sino por ser la trama misma de lo real.