En la intimidad del lector se producen dos actos simultáneos: la identificación y la distancia. Algunos encuentran en O una figura de liberación—la elección radical de traspasar límites personales—; otros la ven como advertencia contra la erosión de la autonomía. Esa polisemia es, en última instancia, el triunfo del libro: que resista y provoque interpretaciones contrapuestas es su mayor vigencia.