Otro recurso clave es el contraste entre lo cotidiano y lo sublime. En "La muerte tiene un olor dulce" , Pedrero describe con naturalidad: "La muerte no viene al oeste. Al oeste vienen las horas de la tierra. La muerte está en el corazón, en cada palpitación" . Esta fusión de lo mundano (el corazón) con lo espiritual (la muerte) resalta la presencia constante de la muerte en toda la vida, una idea central en su obra.